lunes, 23 de noviembre de 2015

ANALISIS DEL “PRIMER VIAJE” DE CRISTOBAL COLON, SEGÚN SU DIARIO DE A BORDO.



INTRODUCCION

El análisis histórico es un elemento primordial para la correcta comprensión de los fenómenos y acontecimientos sociales de los cuales la humanidad  tiene el compromiso de conocer.

Hoy en dia tenemos un arsenal de fuentes informativas que nos bombardean con explicaciones de hechos y acontecimientos plagados de intereses, en donde las manos que escriben muchas veces están a favor de una facción de las parte sque intervinieron en la historia. Es por esto que al momento de que el interesado en la historia busque informaciones, debe tener en cuenta estos elementos que podrían dar una idea manejada o distorcionada a priori para responder a estos intereses particulares.

Son multiples y variados los escritos sobre el supuesto “Descubrimiento de America”, pero hasta el momento han sido pocas las oportunidades que hemos tenido de poder tener en nuestras manos fuentes primarias que nos permitan interpretar y conocer correctamente, de primera mano este importante acontecimiento histórico. Es por esto que hemos decidido, a petición de nuestro profesor Dr. Silverio Gonzalez, analizar la traducción hecha por Fray Bartolome de las Casas del “Diario de a bordo del Primer viaje de Cristobal Colon". Y precisamente de esto hablaremos en el transcurso de nuestra investigación.

Aquí veremos directamente, las impresiones y afirmaciones del Almirante al llegar a nuestras tierras, sus percepciones sobre los aspectos naturales y demográficos que el mismo testifica en su diario de a bordo.  Descripciones, comparaciones y asimilaciones propias que nos dan luz sobre el espacio-tiempo objeto de estudio en este trabajo y que nos motivan a continuar investigando sobre este acontecimiento histórico.
                            
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Cristobal Colon partio de Europa el 3 de agosto de 1492, el cual luego de varios meses de incierta navegación llega a nuestro continente finalmente el 12 de Octubre del mismo año. No pocas vicisitudes hubo de pasar Colon en su trayecto hacia “Las Indias” en busca de metales preciosos, haciendo uso de una nueva ruta, producto del cierre del paso por el mar mediterráneo por parte de los turcos, pues después de tantos días de navegación, los tripulantes de las embarcaciones en las que se trasladaban empezaban a murmurar, criticar y dudar de los conocimientos navales del Almirante Cristóbal Colon, dando muestras de rebeldía en su contra en reiteradas ocasiones.

La madrugada del 12 de octubre de 1492 cambiaría el rumbo de la historia de los habitantes del espacio que hoy conocemos como “América”, puesto que los europeos darían un giro colosal a la cultura de los pueblos que allí convivían. Según el diario de a bordo, el supuesto “Descubrimiento” se hizo pasada dos horas de la media noche.
El día viernes, llegaron a una isleta de las Lucayas o Bahamas llamada por sus primitivos pobladores como “Guanahani”, en la cual el almirante y sus gentes encontraron personas totalmente desnudas. El almirante, luego de desembarcar, llamo a sus dos capitanes (Vicente Yanez Pinzon y Martin Alonzo Pinzon), de las naves “La Pinta” y “La niña” respectivamente, a Rodrigo Descovedo, quien se desempeñaba como escribano, y a los demás tripulantes que habían saltado a tierra, para que le diesen fe y testimonio de que el por ante todos tomaba, como de hecho tomo posesión de dicha isla por el Rey y por la Reina y se hizo constancia de este hecho por escrito.
En sus primeros escritos, colon hace una descripción de las características físicas de los primeros habitantes que había encontrado, citamos: “Ellos andaban desnudos como su madre los pario, y también las mujeres, aunque no vide más de una farto moza, y todos los que yo vi eran todos mancebos, que ninguno vide de edad de más de 30 años: muy bien hechos de muy fermosos cuerpos y muy buenas caras: los cabellos gruesos cuasi como sedas de cola de caballos e cortos: los cabellos traen por encima de las cejas, salvo unos pocos de tras que traen largos, que jamás cortan: dellos se pintan de prieto, y ellos son de la color de los canarios, ni negros ni blancos, y dellos se pintan de blanco, y dellos de colorado, y dellos de lo que fallan, y dellos se pintan las caras, y dellos todo el cuepo, y dellos solo los ojos, y dellos solo la nariz. Ellos no traen armas, ni las cognocen, porque les amostre espadas y se cortaban con ignorancia. No tienen algún fierro: sus azagayas son unas varas sin fierro, y algunas de ellas tienen al cabo un diente de pece, y otras de otras cosas. Ellos todos a una mano son de buena estatura de grandeza, y buenos gestos, bien hechos; yo vide algunos que tenían señales de feridas en sus cuerpos, y les hice señas que era aquello, y ellos se amostraron como allí venían gente de otras islas que estaban acerca y les querían tomar, y se defendían; y yo creí e creo, que aquí vienen de tierra firme a tomarlos por captivos. Ellos deben ser buenos servidores y de buen ingenio, que veo que muy presto dicen todo los que se les decía, y creo que ligeramente se harían cristianos, que me pareció que ninguna secta tenían”.  Y más adelante continua diciendo: “…ellos ninguno prieto,…las piernas muy derechas, todos a una mano y no barriga, salvo muy bien hecha”. Respecto a las mujeres, el almirante escribía: “… y las mujeres traen por delante su cuerpo una cosita de algodón que escasamente les cobija su natura”.


En su diario, el almirante también apuntaba: “Traían ovillos de algodón filado y papagayos, y azagayas y otras cositas que sería tedio escribir, y todo daban por cualquier cosa que se los diese. Y yo estaba atento y trabajaba de saber si había oro, y vide que algunos dellos traían un pedazuelo colgado en un agujero que tienen en la nariz, y por señas pude entender que yendo al sur o volviendo la isla por el sur, que estaba allí un rey que tenia grandes vasos dello, y tenía muy mucho.

El día 14 de octubre alcanzaron a ver otro pequeño grupo de habitantes, los cuales se mostraron serviciales y muy asombrados, llegando a pensar incluso, que tales visitantes eran venidos del mismo cielo. He aquí la cita textual al respecto: “Venían todos a la playa llamándonos y dándoles gracias a Dios; los unos traían agua, otros otras cosas de comer; otros cuando veían que yo no curaba de ir a tierra, se echaban a la mar nadando y venían, y entendíamos que nos preguntaban si éramos venidos del cielo”.  Al decir de colon, un viejo daba voces a los aborígenes, hombres y mujeres, para que vinieran a ver esos seres que habían llegados del cielo según él pensaba. Citamos: “Venid a ver los hombres que vinieron del cielo: traedles de comer y de beber”. Y continua diciendo: “vinieron muchos y muchas mujeres, cada uno con algo, dando gracias a Dios, echándose al suelo, y levantaban las manos al cielo y después a voces, nos llamaban que fuésemos a tierra”. 
Se percibe, como de hecho los describe el almirante en su diario, la afabilidad y la solemnidad con la que nuestros indígenas reciben a los españoles, y todos así hombres como mujeres los venían a ver, y les hospedaban en las mejores casas, besando y tocando sus manos, maravillándose y creyéndose que realmente eran seres procedentes del cielo.
El almirante describe las nuevas tierras como las más fértiles que ojos humanos pudieran ver y nombraba en su diario los diversos tipos de flora que había podido observar, en una gran parte, plantas que también estaban presentes en España. En cuanto al aspecto faunístico, el Almirante relata que no vio bestias de cuatro patas, salvos unos perros que nunca ladraron.

En cuanto al aspecto religioso de los aborígenes, el Almirante decía que no tenían ningún tipo de secta religiosa, citamos: “No le conozco secta ninguna, y creo que muy prestos se tornarían cristianos, porque ellos son de muy buen entender”.

En reiteradas ocasiones, el almirante describe en su diario de abordo que continuaron encontrando poblaciones tras iban avanzando, pero que los aborígenes salían huyendo ante la presencia de ellos, dejando sus casas solas: “Todos los indios huyeron y huían como vian los navios”.
El jueves 6 de septiembre colon puso nombre a la isla Tortuga. Aquella isla grande parecía altísima tierra, con una geomorfología parecida a una hicotea o tortuga, de ahí su nombre.
Un hecho de gran satisfacción y alegría para el almirante ocurrió el día 13 de diciembre,  pues unos hombres que había enviado para que inspeccionaran las tierras encontraron una población de más de 3,000 hombres y de unas 1,000 casas. Un aborigen que venía con los españoles, el cual había sido tomado de los primeros aborígenes que hallo el almirante, corrió tras estos pobladores para decirles que no tuvieran miedo, que los cristianos no eran Caribas, sino más bien cristianos bajados del cielo y que daban muchas cosas hermosas a todos los que hallaban. Tanto les imprimió lo que decía que se convencieron y vinieron a ellos más de 2,000 indígenas que les ponían las manos en la cabeza como símbolo de reverencia y de amistad, muchos de ellos estaban temblando, según el diario de a bordo del almirante.
En cuanto al aspecto militar de los aborígenes, el almirante puntualiza: “Ellos no tienen armas,  y son todos desnudos y de ningún ingenio en las armas y muy cobardes, que 1,000 no aguardan a tres, y asi con buenos para les mandar y les hacer trabajar, sembrar, y hacer todo lo otro que fuere menester, y que hagan villas y se ensenen a andar vestidos y a nuestras costumbres”.

 Como hemos podido percatarnos a lo largo de la investigación, en principio el almirante Cristóbal Colon no encontró ningún tipo de resistencia aborigen, sino más bien fue recibido con mucha distinción, como habíamos referido anteriormente. Consideraban los europeos ángeles o criaturas que habían bajado de los cielos.

 En los escritos de a bordo se relata el encuentro del almirante con un rey o cacique que lo recibe de la manera más cordial humanamente posible: “…Vido también quel dicho rey estaba en la playa, que todos hacían acatamiento. Enviole un presente el Almirante, el cual diz que recibió con mucho estado, y que sería mozo de hasta 21 años, y que tenía un ayo viejo y otros consejeros que le consejaban y respondían, y aquel hablaba muy pocas palabras”. Y el Almirante continua relatando, “…Uno de los indios que traía el Almirante hablo con él, le dijo que como venían los cristianos del cielo, y que andaban en busca de oro, y querían ir a la Isla de Baneque; y el respondió que bien era, y que en la dicha isla había mucho oro, el cual amostro el alguacil del Almirante que le llevo el presente, el camino que había de llevar, y que en dos días iría de allí a ella, y que si de su tierra había menester algo lo daría de buena voluntad”.  El Almirante continua hablando sobre el Rey o Cacique  y de la población de la siguiente manera; “Este rey y todos los otros andaban desnudos como sus madres lo parieron, y así las mujeres, sin algún empacho, y son los más hermosos hombres y mujeres que hasta allí hobieren hallado: harto blancos, que si vestidos anduviesen y se guardaran del sol y del aire, serian cuasi tan blancos como en España… en toda Castilla no hay tierra que se pueda comparar a ella en hermosura y bondad, … ellos no tienen armas, y son todos desnudos y de ningún ingenio en las armas y muy cobardes…”.

Los aborígenes les obsequiaban de todo en cuanto podían ofrecer a los españoles, sobretodo el oro que tanto anhelaban los europeos y el motivo fundamental de su búsqueda. Indudablemente que para ellos el oro no tenía el valor que le damos hoy en día y lo cambiaban por cosas de poca monta como cascabeles, cristales, agujetas, etc. Traían muchos pedazos de oro.

El siguiente escrito del Almirante confirma nuestro planteamiento: “…era cosa de maravilla las piezas de oro que los cristianos questaban en tierra resgataban por no nada; por una agujeta daban pedazos que serían más de dos castellanos, y que entonces no era nada al respecto de lo que sería dende a un mes. El Rey se holgó mucho de ver al Almirante alegre y entendió que deseaba mucho oro, y dijole por senas que el sabia cerca de allí donde habría dello muy mucho en grande suma, y questuviesen de buen corazón que el daría cuanto oro quisiere, y dello diz que le daban razón, y en espacial que lo había en Cipango, a que ellos llamaban Civao, en tanto grado que ellos no lo tienen en nada, y que lo traerían allí, aunque también en aquella Isla Española, a quien llaman Bohio, y en aquella provincia Caribata lo había mucho más.


El Almirante hace mención de las visitas de al menos cinco reyes que estaban bajo dependencia de Guacanagarix, veamos: “Salio el almirante a comer a tierra, y llego a tiempo que habían cinco reyes sujetos a aqueste que se llamaba Guacanagari, todos con sus coronas, representando muy buen estado, que dice el Almirante a los reyes que sus altezas hobieran placer de ver la manera dellos”.

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CONCLUSION

Si bien es cierto que al analizar el diario de a bordo del Almirante nos ofrece informaciones valiosísimas sobre su primer viaje, no menos cierto es que debemos reconocer que nos faltaría por estudiar otras fuentes que podrían contribuir aún más a la profundización sobre el tema.
Decimos esto a razón de que, aunque estamos en frente de una fuente primaria debemos tener presente que dicha historia se escribe desde una perspectiva españolizada. Ojala pudiésemos encontrar también fuentes primarias que contengan los testimonios y pareceres de los demás actores de este proceso histórico, para de esta forma poder conjugar y asimilar versiones encontradas que nos dieran más luces al respecto.

Aunque para muchos a nuestros aborígenes, desde el primer momento de la conquista y colonización los esclavizaron y maltrataron, se hace preciso aclarar que esta afirmación no es del todo cierta, puesto que vemos en este documento que en principio los aborígenes nuestros hacían intercambios con los españoles.  Seria más tarde, producto de las ambiciones de los colonizadores que empieza la explotación de la mano de obra aborigen para la extracción aurífera.

Sin bien es cierto que hubo resistencia más adelante, es preciso decir que también hubo alianzas entre aborígenes y colonizadores. Recordemos el ofrecimiento de apoyo que dice dar el almirante en contra de los caribes o caribas, que tanto asediaban y atacaban a los tainos, por tan solo poner un ejemplo. Con esto no queremos decir que hubo una eterna luna de miel entre colonizadores y colonizados, sino más bien queremos romper con el paradigma radical que nos han inculcado desde pequenos en nuestra historia dominicana.